lunes, 12 de noviembre de 2007

Tragica muerte de Damian Muñoz en Argentina

El pasado sábado por la noche, el fútbol argentino volvía a estremecerse con la noticia del asesinato de un aficionado en la ciudad de Mendoza durante el partido de Segunda división entre los locales, Independiente Rivadavia, y Belgrano de Córdoba. El hincha, indentificado como Damian Bautista Muñoz, de 38 años, murió después ser apuñalado en la grada que ocupaban los hinchas locales. Curiosamente, para los hinchas de los equipos visitantes está prohibido asistir a los partidos que se juegan en esta ciudad ante el Independiente Rivadavia.

Muñoz, que el sábado festejaba el histórico triunfo de su equipo (ganaban en ese momento por 5-0. Terminó 7-0), fue apuñalado por la espalda y le perforó el tórax. A los 15 minutos de sucedido el trágico desenlace, Muñoz fue auxiliado y trasladado al hospital Lagomaggiore de la ciudad. Pero mientras lo operaban, murió cerca de las 20:15 horas. La Policia de la ciudad de Mendoza, que había grabado los hechos, ya tendría identificado al autor: sería un hombre que se hace llamar ‘El Verruga’. Éste sería primo de la víctima y miembro de la barra brava de Independiente.

Según el presidente del club Independiente Rivadavia, Daniel Vila, "el asesinato no tuvo nada que ver con el fútbol, sino que se debió a peleas o ajustes de cuenta entre algunos individuos de la barra brava. Episodios como éste son hechos delictivos, no tienen nada que ver con lo deportivo. Ésta es una sociedad violenta", justificó. Y a su vez, defendió la labor policial: "El operativo de seguridad fue hecho de la mejor manera".

El inspector de Policía, Angel Fosatti, dijo después de conocida la noticia del fallecimiento de Muñoz, que "hicimos todos los cacheos y tomamos todas las precauciones necesarias pero tendríamos que tener más detectores de metales en las entradas a los estadios".

Hinchas con anteedentes

La barra brava de La Lepra, como llaman a los hinchas de Independiente Rivadavia de Mendoza, tiene antecedentes muy violentos y muy numerosos, y comenzaron cuando en la jornada seis, durante el partido ante Instituto, los directivos no dieron entradas gratis a unos 300 hinchas. Por tal motivo, varios fueron hasta el estadio de Independiente Rivadavia a protestar con pintadas y hasta destrozaron parte del mobiliario del club.

Por esta cuestión, los directivos del club aplicaron el derecho de admisión sobre tres hinchas violentos apodados: Virulana, Indio y Silencio, quienes no pudieron ingresar en la octava jornada cuando jugaron ante Quilmes. En ese partido aparecieron las banderas al revés, como un signo de protesta ante esa medida. Pero en el siguiente partido ante Nueva Chicago en casa, dos semanas después, el agredido fue el médico del equipo visitante. Eso derivó en la suspensión del partido, antes de que comenzara el segundo tiempo.

El 26 de octubre pasado la violencia regresó al club. Un hincha recibió una herida de arma blanca, aunque por suerte logró reponerse. Y durante la semana pasada, los propios hinchas robaron los sueldos a parte de la plantilla del club.


El madrid gana con un poco de suerte

La locura presidió el duelo entre Real Madrid y Mallorca de principio a fin y dejó sus huellas en el marcador (4-3). Los blancos sufrieron para colocarle la camisa de fuerzas a un Mallorca peleón y bien armado que se vio perjudicado por dos errores arbitrales de Fernández Borbalán en un arranque trepidante. La primera incidencia llegó en el minuto tres, con un remate de Pereyra dentro del área tras un fallo de marcaje en una jugada a balón parado. Fue el primer desajuste de un ristra de errores en una noche desapacible para los defensas de ambos conjuntos. Y en el cinco, mano clara de Heinze dentro del área que el colegiado andaluz convirtió en invisible al no decretar penalti.

Era un partido de locos para jugadores como Robinho, que se sentó en el primer vagón de la montaña rusa aprovechando que Héctor era un caramelo en el lateral derecho del Mallorca. En el 12, la conexión brasileña entre Robinho y Marcelo acabó con el balón en las redes tras un cabezazo bombeado del diez madridista. El pase de gol de Marcelo en el primer tanto blanco se vio ensombrecido dos minutos después por culpa de Varela, que estuvo atento a un fallo en el despeje del lateral zurdo para recortar a Casillas y marcar a puerta vacía. El intercambio de golpes del primer asalto siguió por medio de Robinho, que marcó ante Lux en posición antirreglamentaria tras recibir una asistencia de Raúl que se coló entre las piernas de Ballesteros. Segunda polémica del partido y el Mallorca, que rozó el empate instantes después con un remate de Nunes al larguero, otra vez perjudicado en el feudo blanco.

El partido sufrió una desaceleración tras 20 minutos de infarto pero el Madrid fue incapaz de hacerse con el control de la situación. El Mallorca andaba suelto y Varela tenía cargado su fusil. En el 37, apuntó a la escuadra y ejecutó a Casillas con un disparo tremendo que cortó el viento y la digestión a los espectadores merengues, que se marcharon al descanso con la sensación de estar viendo una película de terror, de susto en susto. El más importante fue el que provocó Güiza en el 58 tras un regalo de Diarra, que tiró una pared con el jerezano para celebrar juntos la recién estrenada internacionalidad del delantero mallorquinista.

Otra noche de remontada

Tocaba remontar, igual que en el epílogo de la pasada temporada, y quedaba media hora. Tiempo suficiente para un equipo como el Real Madrid, que lleva tiempo demostrando una fortaleza mental y un espíritu ganador encomiable. Tiene problemas defensivos, el centro del campo no acaba de funcionar y no ha alcanzado la excelencia que se buscaba con Schuster, pero es una máquina de ganar partidos y en situaciones límite. En el 63, Robinho se fue como quiso de Héctor y Ballesteros para servir en bandeja el gol del empate a Raúl, heredero de la casta de los grandes capitanes de la historia del club.

El siete marca goles y también los fabrica. En el 73, se sacó un pase magistral para que su socio Van Nistelrooy marcase en la primera que tuvo. El holandés orientó el control y disparó ajustado al poste de un Lux al que los madridistas sólo visitaron para darle malas noticias. El esfuerzo de la remontada pasó factura al Real Madrid y el tramo final del partido se le hizo largo ante un Mallorca siempre peligroso y con una propuesta futbolística atractiva al que le falló la defensa en casa de un líder sólido que alejó al Barça a cuatro puntos.

El Valencia ya huele a Koeman

Volvía el Valencia a Mestalla, el escenario de sus últimas fechorías. Cuatro derrotas consecutivas habían firmado los ché ante los suyos. Ni el estreno de Ronald Koeman (en Champions, ante el Rosenborg), fue capaz de cambiar una tendencia que iba camino de hacer historia, sí pero de la mala. En la temporada 85/86, el Valencia ya perdió tres partidos seguidos. Ahí detuvo el crono. Igual que este sábado. Cinco es un mal número, salvo en los toros, y la grada no estaba para muchos festejos, a pesar de tener muy cerca el gracejo de Joaquín. Sin él, pero con el talento de Silva (enorme), el instinto de Villa (letal) y el poderío de Albelda (también hacia adelante), el Murcia fue un juguete en manos de sus anfitriones desde que empezó a hacer regalos impropios de un equipo de Primera. Y los protagonistas no son precisamente novatos.

El primero, Regueiro. Le hicieron falta, sí, pero el uruguayo fue víctima de esa especia de fiebre que induce a algunos futbolistas a pensar que son ellos los que pitan. Porque sí, porque como les reconocen por la calle... Muñiz (que no estuvo bien) no vio un derribo del uruguayo, que para obligar al árbitro a sancionarlo, agarró el balón con la mano. Y eso sí lo vio Muñiz, que no sólo no pitó la falta a favor del Murcia, sino que la convirtió, por arte de birlibirloque, en falta para el Valencia. Estaba, además, en mal sitio si uno tiene enfrente la zurda de Silva, que se la puso en la mismísima frente a Iván Helguera, un experto en esta suerte. 1-0.

Segundo error. Tras intentar (con cierta torpeza) ponerse en pie, el Murcia 'regaló' otro balón en zona de alta tensión. El protagonista es Pablo García. Sorprendente en un tipo con tantos kilómetros. El uruguayo erró el pase y Albelda, al quite, interceptó el balón y lo envió en profundidad hacia Villa. El capitán del Valencia para por mero especialista defensivo, pero esta vez ha demostrado que también sabe jugar hacia delante. Total, que Villa solo ante Notario. Ya saben qué ocurre en estas circunstancias: gol del 'Guaje'. 2-0 y paz en Mestalla, que por fin disfrutaba de una noche tranquila tras una sobredosis de sobresaltos. Todavía quedaban dos tercios de partido por delante, así que, quien más, quien menos, pensó incluso en una terapéutica goleada.

No fue de escándalo, pero hubo más goles. Uno más, sólo uno, pero el mejor de la noche. De nuevo Albelda que se anticipa para robar y meter un balón profundo, puro estilo Messi, a Silva. El canario, con un ojo en la bola y el otro en Villa, la pone de primeras en el borde de la frontal, desde donde entra el '7' como un ciclón. 3-0, y a otra cosa. Ronald Koeman, con la victoria en el bolsillo, empezó a dosificar a sus cracks: Silva (que estaba empezando a enfadar a la zaga visitante), Villa, con alguna molestia... Sólo en los últimos diez minutos compareció el Murcia, y lo hizo a balón parado. Abel obligó a Hildebrand a justificar la paga del día en dos ocasiones. Tanto da que alguna hubiera entrado, porque hacía tiempo que el partido estaba finiquitado. Lo mataron los 'killers' del Valencia, Silva y Villa, pero hubo algo de suicida en el juego del Murcia. Regaló dos goles a un equipo herido y le puso una autopista hacia la tranquilidad... y hacia las alturas. Con la que ha caído por Mestalla, y el líder está a sólo un punto. Increíble.